viernes, 2 de enero de 2009

¿Qué fue el Socialismo Real?



El estalinismo es el nombre genérico que se le dió desde el campo del marxismo al sistema formado por aquellos estados donde el capitalismo había sido derrocado y se había producido la nacionalización de la economía. Estos estados eran la antigua Unión Soviética, China, Europa del Este, Vietnam, Cuba, etc. Algunos compañeros se estarán preguntando por qué si la economía estaba nacionalizada y el capitalismo no existía, no se les reconoce abiertamente como países socialistas. Y efectivamente, así lo han hecho todos los Partidos Comunistas oficiales, incluído el español.

¿Porqué no eran países socialistas? Es obvio que si lo hubieran sido no habrían experimentado una contrarrevolución capitalista como hemos visto en la URSS y Europa del Este. Tampoco, países como China, Cuba o Vietnam estarían viviendo el proceso de restauración del capitalismo en el que se encuentran inmersos. Un retroceso histórico de tal magnitud no hubiera sido posible en un auténtico régimen socialista.

Estos países nunca fueron socialistas. Sí hubieran sido países socialistas sin duda alguna la revolución socialista hubiera triunfado a nivel mundial hacía décadas. Pero, lo que vimos fue lo contrario. Vimos como los estalinistas españoles traicionaban la revolución en los años 30. Vimos como a nivel internacional, y particularmente, en Francia e Italia, hicieron lo mismo durante la oleada revolucionaria que sacudió Europa tras la 2ª Guerra Mundial. De hecho, los estalinistas, durante la llamada ‘guerra fría’ fueron los bomberos de todos los fuegos revolucionarios que se han ido produciendo en el mundo. No faltan ejemplos: Francia en el ’68, Chile entre el '71 y el '73, Portugal en el ’74, etc.

Si fueran países socialistas hubiéramos visto como China, Rusia, Vietnam, etc se hubieran unificado en una Federación Socialista. Sin embargo, vimos como en los ’60 China y Rusia entraban en guerra por cuestiones fronterizas. Vimos también como Rusia invadió Hungría en el ’56 y Checoslovaquía en el ’68. Vimos como China invadía Vietnam en los ’80. En definitiva vimos como cada burocracia defendía su coto de caza particular, su esfera de influencía y de poder, practicando un nacionalismo estrecho y provinciano y olvidando las más básicas enseñanzas de Marx y Engels sobre el internacionalismo y la necesidad de la unidad internacional de los trabajadores frente a los capitalistas.

Pero, lo más importante no es constatar el hecho de que estos regímenes no han seguido los más elementales principios del socialismo. Lo que nos importa es explicar el por qué. Y esto tiene mucho que ver con el sujeto revolucionario, la clase obrera. El caso de Rusia es el único en el que se dio una revolución socialista basada en la clase obrera. Sin embargo, debido al aislamiento exterior, el atraso histórico y la guerra civil, el recién creado estado obrero ruso fue cayendo en manos de una burocracia parasitaria que acabó con cualquier atisbo de poder obrero.

La cabeza visible de esa burocracia que se alzó contra el poder de los trabajadores fue Stalin, que implantó un régimen de terror policíaco-militar, lo que los marxistas denominamos un régimen bonapartista. Este régimen eliminó todas las conquistas de la revolución, excepto la economía planificada. Todo esto quiere decir que estos países no eran capitalistas, pero que tampoco llegaron al socialismo, se quedaron en el camino. Las revoluciones posteriores a la rusa ya no tomaron el modelo socialista de Lenin y Trotsky, sino el de Stalin, un modelo burocrático y anti-socialista.

Las revoluciones china, cubana,... al igual que en los países de Europa Oriental no fueron revoluciones socialistas dirigidas por la clase obrera. En el caso de la Europa del Este, vimos un doble proceso: por un lado, las masas se levantaron contra la ocupación fascista y por otro, éstos países quedaron ocupados por el ejército soviético en su arrollador avance militar contra la Alemania nazi.

En el caso de China, se desarrolló una guerra campesina contra el imperialismo nipón y la propia burguesía china. Salvando las distancias, un proceso similar tuvo lugar en Vietnam. En Cuba, la «revolución» se desarrolló principalmente como una guerra de guerrillas y sólo al final del proceso la clase obrera entró en escena. Ni Mao ni Castro buscaban conscientemente el socialismo en un primer momento. Atrapados en la concepción estalinista de la revolución por etapas entendían que el proceso revolucionario no podía superar la fase democrático-burguesa.

En ningún caso hubo una revolución socialista dirigida conscientemente por un partido obrero revolucionario y, sin embargo, en todos estos países se derribó el poder de los capitalistas y terratenientes, se expulsó al imperialismo y se llevó a cabo la revolución agraria. Y a pesar de las pretensiones de Castro y de Mao que querían una democracia burguesa, el resultado obtenido fueron estados obreros deformados burocráticamente, siguiendo el modelo estalinista.

Lo que demuestran estos peculiares desarrollos de la lucha de clases es la extraordinaria vigencia de la ley de la revolución permanente, que en otra sesión de esta escuela tendremos oportunidad de estudiar en profundidad.

Decíamos entonces que lo obtenido fue un estado obrero deformado, es decir, un régimen estalinista. La diferencia fundamental entre un régimen socialista sano y la deformación grotesca del estalinismo reside en que en el primer caso la clase obrera tiene el control del aparato del estado y del gobierno y puede, por tanto, dirigir los destinos de la economía y la sociedad. En un sistema estalinista los trabajadores no son protagonistas de su destino y son relegados, en el mejor de los casos, a la ratificación pasiva de los decisiones tomadas por un círculo de burócratas y funcionarios estatales.

Ya sabemos lo que queremos decir con el término estalinismo. Ahora hay que explicar porqué estos regímenes están condenados al fracaso, porqué la mayoría ha desaparecido y los que quedan siguen este mismo camino. Vamos a intentar explicarlo lo más fácilmente posible.

El marxismo parte de la base de que el desarrollo económico es la fuente del desarrollo general de una sociedad. El capitalismo es un sistema que no puede seguir desarrollando la sociedad porque las fuerzas productivas, es decir, la energía de la sociedad, se ve frenada por dos grandes obstáculos: el estado nacional y la propiedad privada de los medios de producción.

El capitalismo no podrá superar jamás sus crisis cíclicas, ya que, la explotación a la que se ve sometida la clase obrera impide que ésta pueda absorver la producción completa, originándose la crisis de sobreproducción, que hoy toma la forma de una crisis de sobrecapacidad. Es decir, el capitalismo tiene capacidad industrial instalada para producir mucho más de lo que produce. Si no lo hace es para evitar la sobreproducción.

¿Y el estalinismo? ¿Porqué entró en crisis? ¿Acaso no existe planificación económica? ¿Quién o qué era lo que ahogaba el crecimiento económico? Existe una famosa frase de Trotsky en su libro "La Revolución Traicionada" que dice: "La burocracia es el taller que retrasa a los demás talleres". En un principio, cuando Rusia todavía era una economía agraria y poco desarrollada, el freno al desarrollo de las fuerzas productivas que representaba la burocracia tenía un carácter relativo. Más tarde, ese freno se convirtió en absoluto.

Rusia pasó de una dependencia semicolonial durante el zarismo a disputarle al coloso norteamericano la primacía mundial. Y eso fue debido a las ventajas de la economía planificada. No obstante, se ha calculado que sin el lastre burocrático el desarrollo económico alcanzado hubiera sido tres veces superior, superando a los EE.UU. en la década de los '60. Sin embargo, esta perspectiva totalmente posible y realizable no se cumplió nunca.

En los '60 y '70, la economía soviética producía un millón de artículos diferentes. Sin la participación democrática de las masas en la elaboración y ejecución del plan económico es totalmente imposible gestionar adecuadamente una economía tan compleja. Trotsky lo dejó claro en su libro "La Revolución Traicionada": "Una economía planificada necesita la democracia, tanto como el cuerpo humano el oxígeno". Sin control obrero, sin sindicatos libres, sin libertad de expresión la corrupción, el despilfarro, la ineficacia y el nepotismo florecían como las margaritas en primavera.

Veamos algunos ejemplos de la ineficacia burocrática. A finales de los '60, la propia prensa oficial soviética denunciaba el caso de un pozo de gas recién descubierto en Siberia que no se pudo explotar debido a que las autorizaciones de 37 ministerios llegaron tarde y el gas sufrió una fuga y terminó perdiéndose. También denunciaba que la mitad de los viajes hechos por camiones de transporte lo hacían sin carga, lo cual es un despilfarro inaudito.

El Viceministro de Pesca en la era Breznev fue ejecutado por corrupción en 1982. Era el cabecilla de una red ilegal de tráfico de caviar hacia Occidente oculto en latas de arrenques. Este burócrata tenía enormes sumas de dinero en Suiza y muchas propiedades repartidas en todo el mundo. Otros 100 altos burócratas fueron detenidos en la estafa. Una estafa de más de tres millones de rublos, que en aquella época podían convertirse en más de 1.000 millones de ptas. El mismo Breznev tenía una piscina olímpica aclimatada en el sótano de su dacha, además de coleccionar coches de lujo. Por eso, Nixón durante una visita oficial a Moscú en 1972 le regaló un Cadillac, que se unió a un garage repleto de Mercedes, Rolls Royce, Sedans, Chevrolets, etc.

Un grupo de funcionarios del Ministerio de Finanzas se apropiaron durante 15 años de los salarios de una empresa fantasma de más 1.000 trabajadores supuestamente localizada en Moscú. La corrupción oficial es la madre del mercado negro. Un mercado negro donde se podía encontrar cualquier producto, eso sí a precios que sólo podían pagar los burócratas. La mitad de la producción agrícola desaparecía en el corto viaje que hay entre las plantas productivas y los almacenes. Estos son breves ejemplos de cómo el parasitismo de la burocracía bloqueaba el desarrollo.

Desgraciadamente, no me queda más tiempo. Sólo añadir, para terminar, que el futuro de la humanidad pertenece al socialismo y al comunismo. Como decía Trotsky, el hecho que un proyectil no dé en el blanco no invalida las leyes de la balística. El estalinismo es ese proyectil que no invalida en absoluto la evolución de la humanidad hacia una sociedad sin clases. Hoy día el gran dilema de socialismo o barbarie es más actual que nunca. Con métodos bolcheviques y una política correcta podremos construir el partido y junto a la clase obrera enviar de una vez para siempre al estalinismo y al capitalismo al estercolero de la historia"