martes, 6 de enero de 2009

EL SOCIALISMO LIBERTARIO


Quererse libre es quererse en un mundo en el que el valor humano de uno y de los demás, cobre categoría de tal en reemplazo del hombre-mercancía, del hombre-productor o consumidor.

Quererse libre es no desear un mundo de trabajo imbecilizante sino humanizante, en donde la producción sea el correlato material de la solidaridad y donde cada cual produzca según su posibilidad, recibiendo según su necesidad. No según la necesidad que el Estado quiera fijar. Es querer un mundo socialista sin Estado (1).

( (1) Ya en el Pacto de Unión de la Federación Libertaria de 1898, se leía: "Luchar por la reivindicación de la sociedad entera contra toda forma de propiedad privada en manos de pocos privilegiados y con la toma de posesión por parte de los trabajadores de todas las fuentes de riqueza: tierra, máquinas, instrumentos de trabajo, medios de cambio, de comunicación y organizado bajo la base de la cooperación de todas las fuerzas sociales". Más adelante: "La clase privilegiada no desaparecerá, sino con la abolición del ente autoritario, tutelador, depresivo de la iniciativa y de la libertad social: el Estado, sustituído por Ia federación libre y espontánea de las asociaciones de producción y de consumo".)

Quererse libre no es quererse simplemente en un mundo socialista en el que el autoritarismo de unos reemplace al de la etapa anterior.

Quererse libre es quererse con intimidad y ser para otros garantía de la intimidad. Es quererse individuo pleno y sentir el para-sí y el para-otro con la misma fuerza solidaria.

No es quererse libre: explotar y ser explotado, controlar y ser controlado, espiar y ser espiado.

Quererse libre es por consiguiente: quererse en un mundo socialista, no autoritario, no burocrático, no partidario, sino paradisíaco (2).

( (2) La tesis aparece cercanamente esbozada por Marcuse en "El fin de la Utopía". La aparente ingenuidad de esta proposición es comentada por Castellet de este modo: "En este sentido es posible la eliminación de la pobreza, de la miseria y del trabajo alienado" y cita a Marcuse: "...creo que sobre ésto estamos relativamente de acuerdo; aún más: creo que en ésto estamos de acuerdo incluso con nuestros enemigos. Apenas hay hoy, ni en la misma economía burguesa, un científico o investigador digno de ser tornado en serio que se atreva a negar que con las fuerzas productivas técnicarnente disponibles, ya es hoy posible la eliminación material e intelectual del hambre y de la miseria, y que lo que hoy ocurre ha de atribuírse a la organización sociopolítica de la tierra". (F.U.) De: "Lectura de Marcuse".)

En un mundo que siempre estuvo en el corazón de los hombres buenos y acicateó su imaginación y sus obras fuera de la época, fuera de la prehistoria en que vivieron.

Quererse libre es querer salir de la prehistoria produciendo una ruptura temporal y entrar en la historia verdadera y cálidamente humana.
Quererse libre es querer una nueva sociedad en la que no se sienta el freno o el control, sino la total incapacidad de ejercer cualquier violencia propia de la prehistoria humana.

Quererse libre es querer un mundo en el que no sea necesario utilizar la palabra "amor" por pudor y por sobreentendida.

Quererse libre es querer una sociedad en donde el ateísmo no esté reprirnido y en donde la religión interior y personal no sea una fuga de la realidad.
Quererse libre es querer un mundo en el que la razón y el saber no tengan ya inquisiciones y en el que incluso la poesía pueda oponerse a la razón, sin división interna del poeta.

EL ÁMBITO EN QUE SURGEN LAS NUEVAS GENERACIONES

En nuestra vasta y contradictoria Latinoamérica, el ámbito en que los niños nacen es variable. Variable según el estrato de sus padres, variable según la raza de sus padres, variable según la condición campesina o ciudadana de sus padres.

Grandes conjuntos forman la crecida tasa de mortinatalidad. Sobre ellos la historia y la naturaleza tienden un piadoso manto al tronchar un crecimiento plagado de enfermedades, de abandono, de brutalidad.

Están los recogidos en orfanatos-cárceles y los hijos de nadie.

Están los hijos de las favelas, de las poblaciones callampas, de las villas miseria.

Están los hijos de los cañeros, de los mineros, de los leñadores.

Los hijos de los desocupados, de los desesperados.


Los del indio movilizado a látigo.

Los del negro.

Están los hijos del alcohol, de la coca, de la prostitución.

Están los hijos del llanto, del crimen, de la ignorancia.

Los hijos de los "padres de la patria" y los ahijados de los sonrientes presidentes.

Están otros: los hijos del proletariado andrajoso y los hijos del proletariado apenas técnico.

También están los hijos de la clase media.

Hay otros cuantos: los hijos de los hombres probos, de los hombres de bien, de los hombres limpios.

Los hijos de los capitanejos de la industria y el comercio, de los profesionales.

Son los hijos de los "momios" y de los "buchones gordos" y de las cacatúas complacientes... Los hijos cuyos padres "deciden".
Hijos de unos o de otros, millones de niños claman al cielo o al infierno por la tortura de sus cuerpos, por las no-calorías, por el deambular de la limosna, por la estupidez de las mentes, por el lavado de cerebro y el condicionamiento que producirá niños enemigos de otros niños.
Luego vendrán los jóvenes, los adultos y los pocos que lleguen a viejos.
Y volverá la rueda a girar.

Cuando esta rueda comience a atascarse, alguien pondrá aceite en la maquinaria y entonces ésta, silenciosamente, empezará a despedir, encarcelar y asesinar a todos aquellos que "perturban la paz y el clima de trabajo que necesita nuestra patria".

Simultáneamente, echará a funcionar el artefacto propagandístico y mucha gente quedará conforme en las ciudades por las explicaciones que se dan, mientras los cortos publicitarios muestran a las preciosas ridículas tomando Coca-Cola o revolcándose entre pieles.

Las huelgas obreras serán explicadas como provocadas por agentes foráneos. Los disturbios estudiantiles, como pretextos de cabecillas que no quieren estudiar.

En uno y otro caso, el sistema repudiará la politización como ajena a las organizaciones gremiales y Universitarias. Luego de tal maravilla reiniciarán el proceso y los dirigentes de empresa, así como los profesionales, seguirán haciendo su imbécil política disfrazadora de hechos.

En realidad, tanto el estudiante como el obrero joven repudian en las jerarquías a las que están sometidos, precisamente eso: la politiquería hipócrita que éstas hacen cimentando los valores de un sistema social hipnótico, utilizador y criminal.

Al fervor callejero de la huelga, de la rebelión, sucede la paradoja trágica: la presión psíquica del hogar, la división interna con que el sistema debilita a todos los luchadores de la liberación...

Entonces los años pasan, los intereses varían y los padres y esposas que fueron utilizados por el sistema para socavar la moral de los rebeldes, sienten a la corta o a la larga que su hijo o esposo, Juan-Nadie, "ha sentado cabeza".

Ahora Juan-Nadie, ya habrá superado el cornplejo de culpa de sus años jóvenes. Ya no tiene por qué sufrir la división interna de sus años de acción. Ahora se siente más Juan que nadie y más Nadie que todos... Ahora será el rompehuelgas, el delator, el traidor a sueldo o "por convicciones".

Si Juan-Nadie termina en profesional, disertará largo tiempo entre digestión y digestión sobre el idealismo de los jóvenes y explicará cómo también él, fue un militante engañado.

O bien, si por su incapacidad y frustración no logró un título universitano o un puesto de capataz, tranquilizará su conciencia fenicia explicando los fracasos por aquellos que lo corrompieron y alejándolo en su momento de las verdaderas obligaciones. Ciertamente, de las obligaciones de esclavo.
Luego educará a sus hijos de tal modo, que la adaptación al sistema les impida seguir sus propios pasos de rebeldía juvenil. Ese terror por su propio recuerdo, convertirá a Juan-Nadie en el inquisidor de sus hijos y de las amistades de sus hijos.

Un buen dia Juan-Nadie morirá y sus vecinos irán a ver su cara.
"Juan-Nadie, Q.E.P.D., sirvió dócilmente a los sirvientes de los sirvientes del imperialismo. Vejado en su niñez, comprado en su juventud, anestesiado en su madurez. Fue útil a la sociedad y más papista que el papa. Su esposa e hijos lo llorarán eternarnente".

LA DIALECTICA GENERACIONAL

Ya no está en manos de los partidos el control de Ia situación, sino en manos de los jóvenes. Por tanto, los adultos de todas las tendencias quedan plantados ante sus propias preguntas:

"¿Cómo hacemos para canalizarlos, según indica la experiencia?"
"¿Cómo hacemos para que entiendan que la lucha no es generacional, sino en todo caso de sistemas?"

"¿Cómo hacemos para que trabajen por su propio futuro, aceptando las reglas del juego que ponemos nosotros?"

"¿Cómo hacemos para que vayan a la guerra, ellos que son jóvenes y fuertes, mientras nosotros les cuidamos las espaldas por televisión?"
Parece que cualquier cosa que hagan tiene la virtud de poner más en evidencia la mentira del sistema

Las nuevas generaciones comprenden mejor su situación al confrontarse con las precedentes, al sentir el choque con las aún más jóvenes y al plantearse la posibilidad de cambio del medio en que viven.

De otro modo: el momento histórico en que las nuevas generaciones viven se devela casi espontáneamente a sus ojos, por la confrontación con las generaciones instaladas, por las posteriores que recién surgen y por el medio socioeconómico en que les toca alienarse.

Esta comprensión brota además, corno negación del momento histórico y da por resultado una afirmación de la negación, una suerte de nihilismo posibilitario. Los individualistas, los conformistas y el resto de cínicos que respiran el mismo clima, niegan todo valor posible en la vida y justifican desde el oportunismo hasta la traición.

Pero lo fatal es que no existe otra posición revolucionaria en el momento actual que la afirmación de la negación de todos los valores por ahora en pie. De ahí que todo libertario desconfíe de las melosas mentiras acerca del "amor", la "amistad", la "belleza", la "realidad interior", etc., con que los farsantes distraen la atención para efectuar santamente las peores canalladas.

Porque toda esa jerga de palabras huecas y frases hechas, pertenece al pasado y ha sido acuñada por los explotadores de siempre. ¿Cómo podría creer un revolucionario a quien respete el lenguaje de un momento que él niega?

Tal vez por éso, aunque las palabras sean comunes en la forma, el significado se modifique y los jóvenes puedan amar aparentemente insultando o despreciar con tono amable.

La forma correcta con que los guerrilleros se dirigen a sus enemigos en el caso concreto de la acción directa, muestra casi siempre esa contradicción que alarma. Tal es el caso del comando que al encañonar con sus metralletas al torturador policial, le indica afablemente: - "Señor mío, tenga la amabilidad de acompañarnos".

Texto completo de H. Van Doren