jueves, 11 de diciembre de 2008

LA ENTIDAD HUMANA EN PROCESO


Para entender el carácter social del proceso educativo en el nuevo milenio que comienza, se debe empezar por visualizar al hombre como persona y no como individuo. Porque como individuo se entiende un ente estático, representación material de un ser humano, el cual parte de una autonomía de conducta que le hace diferente a sus semejantes; en cambio como persona es un ser integral, más identificado con la esencia de la naturaleza, parte intrínseca del universo y sus dimensiones. En una palabra, el hombre se interconecta con el medio haciéndose moral y éticamente humano, sin la presencia celestial de estatuillas y símbolos de adoración.

El premio Nobel de Física de 1927, Arthur H. Compton, publicó en 1939 un ensayo revelador del espíritu de la moralidad en el individuo. Este ensayo, con el título “El sitio del hombre en el universo”, resume la cuestión fundamental de la moralidad, de ese problema vital en religión y asunto de activa investigación en la ciencia, en razón a una incógnita: ¿Es el hombre un agente libre? Para contestarla Compton expone: “La moralidad se ha convertido en una ficción y la vida ha perdido todo significado humano.

“Se nos puede llevar a ver una Suprema Inteligencia, operando en la vasta máquina que llamamos Universo, a la cual podemos denominar Dios. Pero los hombres se han convertido, no en sus hijos, sino en sus juguetes, incapaces de hacer nada que no se le haya obligado a hacer. Aunque los hombres puedan disfrutar de la vida que se les ha dado, no pueden participar en darle forma. Toda religión que se basa en semejante relación entre el hombre y su Creador, no puede ser otra que una sombra pálida de la religión en que el hombre puede decir: Mi padre hasta hoy trabaja, y yo trabajo. (San Juan V,17)”

Según Newton un ser inteligente que, en un momento dado, conociera todas las fuerzas que animan a la Naturaleza así como las posiciones relativas de los seres que ella comprende, incluiría en una sola fórmula, si su inteligencia fuese suficientemente capaz de analizar tales dato, los movimientos de los cuerpos más grandes del Universo y los del átomo más ligero. Nada sería incierto para él: tanto el futuro como el pasado estarían presentes a sus ojos.

Esta percepción de Newton es reflexionada por Compton, argumentando que de acuerdo con ese punto de vista, el hombre no ejerce en verdad absolutamente ningún dominio sobre sus acciones, no importa qué pueda sentir respecto a su propia libertad. Al hombre no contar con su autodeterminación es evidente que no cuenta con la “moral de su existencia” y por lo tanto es presa de cualquier acción en contra de su voluntad y deseo.

Paul Foulquié (1973), nos refiere que el asunto de la moral es más la consecuencia de un efecto multiplicador, es decir, liberado de la obsesión de Dios, el hombre puede concentrarse en sí mismo, asumiendo la búsqueda necesaria de una libertad suprema, al estilo clásico, en donde el valor de la libertad depende del uso que hagamos de ella.

En cuanto a la moral religiosa, que es quizás la más escuchada, es sólo válida para quien siendo incierta la existencia de Dios, la admite no obstante por una libre determinación, dado que es en él, en este caso, que Dios debe existir para él.

Foulquié nos expone así una consecuencia: “no es lo que yo hago lo que cuenta, sino el grado de libertad con que lo cumplo”. Es ante esta idea de libertad y de autodeterminación que el hombre se moldea como persona, epicentro del más elevado influjo de la pasión y el “deber”. Un deber regido por las leyes de los hombres, y en más de una ocasión histórica, violado por ella misma.


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