martes, 31 de marzo de 2009

Mario Silva y la mayéutica


Tengo una opinión muy aparte a la de los grupos élites acerca de la figura comunicacional y de ser humano que es el Sr. Mario Silva; digo grupos élites para hacer referencia a una serie de personeros de la “moral y las buenas costumbres” que están habituados a que las cosas se digan a baja voz y, si les afecta, que no se digan.
Mario se ha convertido en un símbolo del “sarcasmo y burla” a la doble cara de quienes asumen una conducta opositora en el país; podemos no estar de acuerdo en el uso “soez” de algunas frases, pero es que a veces, de las entrañas, lo que sale es decir eso cuando se observa la manipulación y el manejo mediático que se le da a la información en Venezuela. Ahora bien: ¿qué pertinencia tiene que un Mario Silva exista en la realidad sociopolítica venezolana?
La respuesta podría ser exagerada para quienes se sienten dueños del conocimiento, y hasta dirán que boto mi academia al hacer esta comparación, pero es que tengo la necesidad interior (no el jalabolismo común y silvestre) de enmarcar la simbología comunicacional y humana de Mario en un tiempo histórico que uno de los eruditos de la comunicación como Antonio Pasquiali, denominó, como tesis central, “una nueva moral de la intersubjetividad”; o en cristiano, nuevas reglas de juego en las comunicaciones. Considero que la figura de Mario en el escenario comunicacional contemporáneo se asemeja a la de Sócrates en el siglo IV de Pericles; es decir, la de un “develador” de realidades, no digamos verdades porque la verdad no existe, existe sólo acercarnos a lo justo, a lo que se asemeja a las cosas en su relación con el entorno y las circunstancias humanas. Cuando Mario increpa a un personaje que blasfemia y ridiculiza el esfuerzo titánico de un colectivo por organizarse y participar en la cosa pública con criterios de dignidad y apego a las leyes, está simplemente expresando la voluntad de miles de voces que estamos cansados de informaciones entrecortadas, viciadas y descontextualizadas. Ese manejo mediático malsano es el que se increpa con vehemencia y en ocasiones con inmensa pasión humanista.
Para los que se dejan llevar con eso de que el discurso de Mario es “soez”, “vulgar”, “difamatorio”, “marginal”; me permito informarles, como conocedor del pensamiento occidental, que su accionar está inscrito en un método muy viejo y muy conocido por los sabios intelectuales que en ocasiones califican al Mario comunicador como una “malformación” del comunicador comunitario. Mario se vale de la mayéutica y hace de ella un método efectivo, puesto que logra sacar de las propias vísceras lo que cada interlocutor piensa de él y, para el caso ideológico, del proceso bolivariano.
La mayéutica viene del griego maieutiké, cuyo significado se asemeja con el arte de las comadronas, el arte de ayudar a procrear; la mayéutica, en filosofía, se refiere al arte de parir ideas; de investigación y enseñanza propuesto por Sócrates. En un pasaje del Teetetes, escrito por Platón, pone en voz de Sócrates lo siguiente: “Mi arte mayéutica tiene las mismas características generales que el arte de las comadronas. Pero difiere de él en que hace parir a los hombres y no a las mujeres, y en que vigila las almas, y no los cuerpos, en su trabajo de parto. Lo mejor del arte que practico es, sin embargo, que permite saber si lo que engendra la reflexión del joven es una apariencia engañosa o un fruto verdadero”.
La mayéutica es esencialmente el empleo del diálogo para llegar al conocimiento; en el caso de Mario, ese conocimiento es develar la verdad mediática y mostrar, con evidencias y antecedentes históricos, de qué están hechos los que sentencian que el esfuerzo colectivo de la revolución es un fracaso. Aunque Sócrates nunca sistematizó la mayéutica, ni Mario tampoco, seguramente es correcto destacar las siguientes fases de ese método aplicado, en este caso, a la teoría de la comunicación: 1.- En un primer momento se plantea una cuestión que se expresa con preguntas del siguiente tipo: ¿qué virtud tienen las opiniones contrarias? ¿qué validez tienen el contexto histórico nacional e internacional? ¿en qué consiste la contradicción mediática?; 2.- En un segundo momento se espera la rectificación que el interlocutor da, pero que llega cargada de cuestionamientos y descalificativos, propiciando una respuesta discutida o rebatida no por los hechos, sino por la moral; 3.- A continuación se establece una discusión sobre el tema que asume el interlocutor; este momento se caracteriza por ser de confusión e incomodidad por no ver claro algo que antes del diálogo se creía saber perfectamente, que Sócrates lo identificó con los dolores que siente la parturienta antes de dar a luz; 4.- Tras este momento de confusión, la intención del método mayéutico es elevarse progresivamente a definiciones cada vez más generales y precisas de la cuestión que se investiga; y 5.- La discusión concluiría cuando la persona interpelada, gracias a la ayuda de un referente moral, consigue alcanzar el conocimiento preciso, universal y estricto de la realidad que se investigó.
En una palabra, si Sócrates estuviera con nosotros se comportaría como Mario Silva; ¿qué dirían de él los eruditos intelectuales que hoy opinan acerca del proceso y vaticinan finales y cambios? Esto me lleva a recordar a mi profesor de Filosofía Política de la ULA, Alfonso Gándara Feijoo, quien me decía que la “verdad” es un problema de clases: cuando se es de clase alta (oligarquía), la verdad es disimulada y silenciosa; cuando se es de la clase baja y empobrecida, la verdad es ruidosa y escandalosa.
Esa es la verdad que vemos a diario materializada en la teoría comunicacional de Maria Silva, me refiero a la “ruidosa y escandalosa”, así que él simboliza un colectivo real, que existe y que tiene derecho a expresarse ante la actitud canallesca de quienes se valen del usufructo del espacio radioeléctrico para minimizar el esfuerzo y la osadía de un gobierno que nos ha enseñado que no sólo teníamos un nombre, sino apellidos y genealogía.
Pascuali, en su texto “Bienvenido Global Village” (Caracas, Monte Ávila, 1998: 19), expresa: “ Casi todas las viejas reglas del juego están por demás entredicho; en todas partes, y por motivos aparentemente disímiles o discordantes, se exigen, hasta con las armas en la mano, contratos sociales de tipo radicalmente nuevo. La nuestra es, además, una época de grandes y potencialmente fecundas contradicciones, algunas de ellas inducidas e instrumentalizadas: la edad de la indiferencia convive con formas agudas y penetrantes de sensibilidad social; ciertos virajes que han cambiado la faz del mundo han resultado incruentos, cuando algunos conflictos locales han arrojado cientos de miles de víctimas; se celebran grandes ritos de tránsito a la mundialización y el cosmopolitismo, en plena resurgencia de los separatismos y demás retornos a los lares anímicos. Importantes flujos de ayuda no caritativa, canalizados por la diplomacia multilateral perfeccionada en la posguerra, coexisten con el más exacerbado egoísmo, con una preocupante corrupción y una extendida laxitud moral…” En este contexto justifico la figura de Mario Silva: símbolo de los cambios y transformaciones en las que un sujeto histórico no termina de morir, y un nuevo sujeto histórico no termina de nacer: el punto del no retorno.

*.- ramonazocar@yahoo.com
Blog: http://socialismotuyo.blogspot.com