martes, 10 de agosto de 2010

La tercera Guerra Mundial: ¿realidad o ficción?




El líder de la revolución cubana, Fidel Castro, está muy preocupado a sus ochenta y dos años; más aún luego de salir de una penosa enfermedad que le apartó de la vida pública desde el 2006. Su preocupación, para afectos y no afectos a su figura de estadista y político, es la supervivencia de la humanidad ante la implosión, inminente, de un conflicto bélico a escala mundial entre la aguerrida Irán y los países en coalición con los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU). El problema, en simples palabras, es que las potencias mundiales que tienen acceso a la energía nuclear no aceptan que nadie más que ellos la tengan; Irán se ha atrevido a avanzar en este aspecto y por ello hoy es cuestionada por la Organización de las Naciones Unidas (fundada en 1945 y que hoy por hoy es una instancia cosmética de la política internacional), y por su afamado Consejo de Seguridad, integrado por 15 miembros, cinco permanentes y 10 electos por la Asamblea General por períodos de dos años, y quien cuenta en la actualidad con China, los Estados Unidos, la Federación de Rusia, Francia y el Reino Unido, como miembros permanentes. Este Consejo de Seguridad tiene como razón de ser: mantener la paz y la seguridad internacionales de conformidad con los propósitos y principios de las Naciones Unidas; investigar toda controversia o situación que pueda crear fricción internacional; recomendar métodos de ajuste de tales controversias, o condiciones de arreglo; elaborar planes para el establecimiento de un sistema que reglamente los armamentos; determinar si existe una amenaza a la paz o un acto de agresión y recomendar qué medidas se deben adoptar; instar a los Miembros a que apliquen sanciones económicas y otras medidas que no entrañan el uso de la fuerza, con el fin de impedir o detener la agresión; emprender acción militar contra un agresor; recomendar el ingreso de nuevos Miembros; ejercer las funciones de administración fiduciaria de las Naciones Unidas en "zonas estratégicas"; y recomendar a la Asamblea General la designación del Secretario General y, junto con la Asamblea, elegir a los magisterios de la Corte Internacional de Justicia .

En el mes de junio del 2010, ese Consejo todopoderoso emitió la resolución 1.929, que es la sexta resolución sobre el mismo caso nuclear de los iraní y la cuarta resolución basada en el establecimiento de embargo; este consejo en julio del 2006, diciembre del 2006, marzo del 2007, marzo del 2008, septiembre del 2008 y junio del 2010 emitió las resoluciones 1.696, 1.737, 1.747, 1.803, 1.835 y 1.929; sobre el programa nuclear de Irán. Esta posfutura no se hizo asumiendo las funciones antes descritas, porque si a eso vamos tendría la ONU que haber aplicado una serie de procesos indagatorios antes de asumir postura, sino en razón de la Declaración de Teherán, la cual había develado que el intercambio de uranio con el enriquecimiento de 3,5% con uranio de 20% en el suelo de Turquía, se había dado en contra de las normas establecidas en cuanto a no asumir formalismos en el proceso de solidificación del programa nuclear sin el visto bueno del Consejo de Seguridad. Con esta medida se esperaba que Irán pusiera fin a los pretextos infundados de EE.UU y sus aliados en el terreno de la solución del caso nuclear de Irán. El plan del intercambio de uranio estaba justificado, para Irán, ante la necesidad de abastecimiento de combustible para el reactor de investigación de la universidad de Teherán; se había previsto que una parte de uranio con el enriquecimiento de 3,5% existente en Irán, se intercambiara con la participación de Francia y Rusia con el uranio del 20%.
La resolución 1.929 se ha emitido en base al séptimo artículo de la Carta Magna de la ONU; este artículo, en condiciones que la paz mundial se enfrente con amenaza, este consejo puede utilizar de la fuerza militar de los países miembros para la devolución de la paz y seguridad mundial. Es decir, si Irán no acata la postura del Consejo de Seguridad de no continuar con su Programa Nuclear, será sometido a la fuerza; el plazo dado es hasta el 07 de septiembre del 2010. La posición de Mahmoud Ahmadinejad, presidente de Irán, ha sido muy radical: "Deberían saber que sus resoluciones no valen un centavo…Si piensan que con hacer alboroto y propaganda pueden forzarnos a retirarnos, están equivocados. La nación iraní no se moverá siquiera una pulgada de su posición…" Esto definitivamente pone una tranca en el juego y con ello la posibilidad, cierta, de una confrontación bélica. Occidente frente al Oriente musulmán, hará que el conflicto tome dimensión nunca antes vista.
El caso nuclear de Irán ha sido orientado, de forma ilegal en el Consejo de Seguridad, por las presiones de EEUU, Inglaterra y Francia; es una medida producto de presiones, no de lógica científica, por lo cual es una medida ilegal contra Irán, la cual carece de cualquier valor legítimo; pero la historia nos ha demostrado en los últimos treinta años, que la legitimidad no va de la mano de los Imperios; se asumirá la línea que garantice la satisfacción de los intereses de las potencias. La pregunta de rigor ante tan volátil realidad nos angustia aún más: ¿después de lanzarse los cohetes nucleares habrá algún Imperio que cuidar?

La posición de Fidel Castro es lapidaria en este aspecto: “Irán no cederá un ápice frente a las exigencias de Estados Unidos y de Israel…Si Obama logra evitar la guerra, el mundo le rendirá todos los honores que le corresponden… Obama tendría que tomar, en solitario, la orden que desatará un conflicto nuclear, pero no la dará si se logra que tome conciencia de esto. Estamos haciendo una contribución a ese esfuerzo persuasivo…" En una palabra, las reglas del juego están en la mesa y un solo jugador podría definirlo todo; las potencias tienen sus bombas, son fuertes y destructivas; el mundo tiene la moral y las imágenes aterradoras de la experiencia nuclear del pasado, para imponerse y no permitir otro acto inhumano en nombre de la libertad. La labor que nos toca es de “persuadir” y explicar que por muy fuerte que sean las razones, se antepone el sentido común y la supervivencia de la especie humana.


*.-ramonazocar@yahoo.com

viernes, 30 de julio de 2010

Desde los “socialismos” al comunismo

…la democracia no serviría de nada al proletariado,
si no se emplease inmediatamente como medio para imponer
toda una serie de medidas que ataquen directamente a la
propiedad privada y garanticen la existencia del proletariado…

F. Engels (Londres, 1847)


Lo más complicado en la construcción del Socialismo del Siglo XXI, es su distinción con las experiencias pasadas de “Socialismos” y los modelos de categorías y subcategorías de ese ideario del pensamiento progresista ilustrado del siglo XIX.

Se hace alusión a Kart Marx cuando se trata de teorizar algunas ideas o fundamentos de la nueva etapa ideológica del socialismo; esta nueva etapa no obedece a los principios del “revisionismo” de la década de los sesenta-setenta del siglo veinte, menos a la conducta neomarxista de algunas escuelas teóricas académicas alemanas; la nueva etapa es un volver a las raíces que dieron forma al ideario socialismo, y en este aspecto la figura que más aportó y a quien poco se le ha atribuido su influencia en esta versión que podemos denominar socialismo originario, es Friedrich Engels (1820-1895), pensador y economista político alemán, fundador, junto con Marx, del socialismo científico.

Para mediados de 1847, se llevó a cabo en Londres, cuna del capitalismo moderno, el Congreso de reorganización de las denominadas Internacionales Socialistas; en aquella oportunidad Engels participa con un sendo Discurso acerca de los principios del comunismo, destacando más una descripción de lo que a su entender debería ser el socialismo como etapa de concientización de la llamada clase proletaria (el trabajador surgido de las relaciones laborales de la gran industrialización), para poder acceder a un nivel superior de autodeterminación y de libertades en la organización política de la sociedad. Muchos entendieron estas ideas como especulaciones acerca de una sociedad ideal que no tenía caminos por donde llegar a ella, sin embargo Engels demostró que si habían caminos, pero los mismos tenían que surgir de un proceso emancipatorio que cambiara el orden social por uno diferente radicalmente.

En este sentido, Engles aprecia el comunismo como una “doctrina” que enseña a la clase proletaria cómo emanciparse; el colorario que deja la postura de Engels es que esa emancipación, en una sociedad corrompida por la explotación del hombre por el hombre, por la división del trabajo, que produce miseria y segmentación del talento; en una sociedad donde el portador del capital orientan el consumo de las masas y tiene como derecho universal la propiedad privada, no es posible ninguna liberación. Emanciparse es abolir la propiedad privada. ¿Quiénes han contribuido a solidificar esa figura de la propiedad privada? Las instituciones burguesas, sobre todo, la Iglesia, la cual ha subsistido gracias, en un primer tiempo a la propiedad feudal, y en el ahora histórico a la propiedad privada, a la cual ella ha canonizado a través de la figura del trabajo como deber divino y la ganancia individual como esfuerzo del hombre. El bien común, es sólo un saludo a la bandera a los preceptos del evangelio y la figura de Jesús de Nazareth, pero jamás puede ser visto o entendido como una doctrina de la Iglesia, porque afecta los intereses de supervivencia de la misma.

Engels en su Discurso, hace alusión a tres tipos de “socialismos” que el denomina “clases”. Uno, formado por partidarios de la sociedad feudal y patriarcal; esta clase de socialistas “…saca de los males de que adolece la sociedad actual la conclusión de que debe restaurarse nuevamente la sociedad feudal y patriarcal, donde esos males no se conocían”; otra clase la componen los partidarios de la sociedad actual, quienes aspiran mantener “…la sociedad actual, pero remediando los males que lleva aparejados”. Y la tercera clase, la denominada socialismo democrático, “quienes abrazan, por la misma senda revolucionaria de los comunistas, una parte de las medidas de transformación del orden social, pero no como medidas de transito hacia el comunismo, sino como providencias que bastan de suyo para poner remedio a la miseria y desterrar los males de la sociedad actual”.

Los dos primeros son expresión de un socialismo burgués individualista; el tercero, socialismo democrático, es el más relacionado con el ideario de un comunismo como doctrina social del Estado, y no como el conjuro sacrilégico de una doctrina que no tiene fe ni espíritu; todo lo contrario, el comunismo arrastra una carga espiritual inmensa, de más de quinientos años de “holocausto”, de destrucción de civilizaciones en nombre de unas instituciones que han apostado a pequeños grupos de elegidos por sí mismos y ha menospreciado el alma pura del ser humano que trasciende imágenes y oraciones.

El socialismo del siglo XXI, es un socialismo democrático por excelencia; portador de un ideario emancipatorio que busca construir una sociedad fraternal, igualitaria, solidaria, donde lo material sea un instrumento colectivo para una mejor calidad de vida y una franca confrontación al camino corrompido del “sueño americano” que se ha vendido en buena parte del mundo como la utopía de la riqueza hecha realidad. La única utopía que conquista la realidad es la que soñamos todos y no es más que la de vivir en paz y tranquilos con nuestra conciencia por no haber traicionado la dignidad y la herencia patria de nuestros Libertadores.

*ramonazocar@yahoo.com